Merino Serrat, Imma2026-02-262025-12-1720252025-12-172025978849044761110.18239/coe_2025_189.11https://pepa.une.es/handle/123456789/66478¿Cómo filmar el mundo siendo consciente de la proximidad de la propia muerte? ¿Cómo filmar el cuerpo enfermo de una persona amada sabiendo, como ella, que no tardará en morir? Una respuesta a la primera pregunta está en De grote vakantie (2000), documental que realizó Johan van der Keuken (Ámsterdam, 1938-2001) después de recibir una llamada del médico en la que le informaba de que sus células cancerígenas habían aumentado y la progresión de la enfermedad parecía imparable. Las imágenes de la película parecen creadas por alguien que estuviera descubriendo aquello que filmaba mientras, al mismo tiempo, tenía conciencia de que podía estar viéndolo por última vez. Una respuesta a la segunda pregunta se encuentra en Jacquot de Nantes (1991), película de Agnès Varda que ilustra los recuerdos de la infancia y la adolescencia de Jacques Demy, pero que también incluye imágenes que muestran al cineasta muriéndose a causa del sida durante el rodaje. Varda filmó los ojos, las manos, las manchas de la piel de su amado, y lo hizo para estar lo más cerca posible de él. ¿Con la voluntad de parar el tiempo? No. «Para estar con el tiempo. El final de la vida de Jacques también es un tiempo vivido».Libro digitalpp. 54-61Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0)Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0)http://creativecommons.org/licenses/by/4.0/Cineastas ante la proximidad de su muerte: Jacques Demy y Johan van der KeukenopenAccess